jueves, 11 de abril de 2013

MONTUBIO




 
 
Origen: Mezcla de raza negra, india y blanca y provienen del monte. (siglo XIX)

La cuenca baja del Guayas es inconfundible, y cuna de los habitantes con las más claras características de los rasgos personales de la nueva raza, la raza montubia, del cruce más patente entre indios y españoles, por eso Salitre es hoy la Capital Montubia del Ecuador, la personalidad de los montubios diferente tanto física y psicológicamente frente a las características personales de los cholos.

Vive en el interior de la costa, le gustan los gallos de peleas y potros de doma ; ama la música y las tradiciones orales mágicas. La agricultura es actividad principal, monocultivos para exportación: cacao, café y banano. Trabaja artesanías en paja, alfarería, talabartería y mueblería.

Ubicación: Están localizados en la parte interior de las costas ecuatorianas, especialmente en los montes, así como en las riberas de los ríos y carreteras.

La cordillera de la costa que nace en el cerro de las Cabras en Durán, se extiende pasando por el cerro del Carmen  en Guayaquil hasta la cordillera Colón-colonche, que llega hasta Manabí, y Esmeraldas. Esa es la línea divisoria, geográficamente de las culturas llamadas CHOLOS de la costa externa es decir de la orilla del Mar de Ecuador y MONTUBIOS que son los habitantes de la zona rural de la costa interna de Ecuador.

Organización Social: La familia montubia gira en torno de la madre, antes que del padre, en lo afectivo; pero, en el respeto social, se centra hacia el padre. El impulso de la madre es netamente sentimental, espontáneo; el impulso al padre es provocado por el reconocimiento tácito de la superioridad de éste, primeramente material (baqueanismo, es decir, sabiduría del  campo),  y más tarde, moral (experiencia traducida en consejo,  ciencia antigua, gerontolatría).

La familia montubia constituye una entidad prieta, aislada o casi aislada, que sigue sus propios destinos, sin vincularlos a los de los otros grupos familiares y que, normalmente, se representa por el progenitor masculino más viejo, casi nunca por los colaterales.

La monogamía y la monoviria son características. Sin embargo, el ayuntamiento marital estable se ejerce casi siempre fuera de la institución civil del matrimonio. En el pasado siglo, o sea cuando el matrimonio era una institución de derecho eclesiástico reconocida por el Estado, la religiosidad acrecía el porcentaje de uniones sacramentadas y desterraba la simple convivencia considerada como un pecado. La actual exigencia legal que da antelación imprescindible al contrato civil, sin el cual no puede efectuarse, bajo severas sanciones (prisión y multa para el sacerdote) el matrimonio religioso, ha traído como consecuencia un aumento del porcentaje de amancebamiento. En las aldeas, este fenómeno no es tan visible como en el agro remoto. Gran influencia tiene, por cierto, en la disminución aludida, la  explotación de los tenientes políticos rurales, que exactan cuanto pueden a quienes pretenden casarse.

No obstante ello, o quizá por lo mismo, las uniones son más duraderas; y, originándose en la atracción sexual amorosa,  se van llenando de contenido económico (mutua conveniencia, ayuda mutua, preindivisión de bienes) a lo largo de la vida, y no terminan sino con ésta.

La monoviria a que me he referido, es una constante de la mujer montubia. La prostitución es rarísima y se produce en virtud de determinantes individuales, no sociales. Casi siempre se manifiesta con escándalo. La prostituta  montubia,  cuando lo es de veras, se enorgullece de serlo y recaba una posición de machismo tenoriesco: ella es quien elige. Pero, la mujer montubia, cuando está en el agro, no busca salidero. Acude a la prostitución como a una  cura  de hambre: los burdeles citadinos costeños, en especial los de Guayaquil, consumen mucha carne montubia, reclutada máximamente entre domésticas traídas desde las haciendas por sus patrones, prostituídas por éstos y abandonadas después.

La monogamia no es una constante. Se fija al elaborarse plenamente la virilidad -hacia los veinticinco años- y con el afianzamiento del hogar. Hasta entonces, el joven montubio es, siquiera en la intención, polígamo.

El nexo con el hijo es sólido y estrechísimo. El hijo parásito acaba a los siete años. Desde tal edad (y a veces antes), entra a colaborar en la economía de la familia con el aporte de su esfuerzo.

Aun cuando no perverso, el montubio es eminentemente sexual. No concibe el mito de la virginidad. Para él es tabú el incesto.

Frente a su mujer adúltera, el marido montubio se siente, más que en su amor, ofendido en su dignidad de macho; reaccionando su venganza preferentemente contra el amante, en quien tratará de castigar la burla de que éste lo ha hecho víctima. No es infrecuente que perdone a la mujer o que, separado de ella, permanezca después indiferente; siempre, por supuesto que haya logrado la venganza que persiguiera.

 Economía: Se dedican principalmente a la agricultura, ganadería y elaboración de artesanías hechas en paja toquilla, especialmente sombreros. En la agricultura utiliza instrumentos como: daga, machete, garabato, pilón.

Vivienda: Se levanta sobre pilotes de madera, las paredes hechas de caña guadua y el techo de palma para protegerse de los animales rastreros que andan por la noche y de las crecidas de los ríos en el invierno

Vestimenta: El hombre: utiliza camisa blanca liviana, pantalón corto generalmente blanco, pañuelo rojo en el cuello. Sombrero de paja toquilla, cuando trabaja en el campo utiliza botas de caucho largas y su machete.

La mujer: falda amplia florada o muchos colores blusa hasta el ombligo con vuelos y anda descalza.

Costumbres y celebraciones: Productos del mestizaje, los grupos montubios no han constituido tanto una etnia homogénea cuanto una forma de vida en el campo costeño, un conjunto de tradiciones, valores, técnicas de trabajo y expresiones artísticas que han permitido la creación de su propia cultura, algunas de las representativas son:

Rodeo del Montubio: Su origen llega hasta las tierras en que se desarrollaban las haciendas de la zona durante el verano, cuando los vaqueros arreaban el ganado de las lomas y procedían a las faenas del herraje, la doma y otros juegos, al tiempo que las mujeres preparaban los tamales, la chanfaina, los bollos, el aguado. Los patrones presidían los festejos, a los que  se sumaban invitados de la ciudad que arribaban en lanchas, junto a músicos,  galleros y demás.  Se atribuye a  un dedicado defensor de las  tradiciones,  Rodrigo  Chávez González, la creación de la fiesta regional del montubio, que empezó a celebrarse en Guayaquil, la capital montubia, desde 1926. Allí se iniciaron las cabalgatas  y rodeos, la elección de criollas bonitas y los concursos de música y amorfinos, esas coplas de ida y vuelta entre dos talladores.

La crisis del cacao afectó a las haciendas; luego vino la Segunda Guerra Mundial y el auge del banano. Entonces, la tradición recobró vuelo en sitios como General Vernaza, parroquia de Salitre, también llamada "la capital montubia". Allí, desde 1963, el 12 de octubre de cada año, con motivo del Día de la Raza, convertido de hecho en el Día del Montubio, se celebra el rodeo con todas las de ley, es decir, con desfile de las haciendas y sus madrinas, elección de la criolla bonita, y acto seguido la competencia de caracoleo, monta de cepo, lazo y pial y otros juegos. El origen del rodeo montubio reside también en las faenas de herraje que se daban en las haciendas, después de que los vaqueros llegaban arreando reses de monte adentro.  El vaquero demostraba su destreza en el corral y el patrón invitaba a hacendados vecinos, que acudían con familiares y peones, también a amigos de la ciudad, y armaba la fiesta al contratar banda de músicos. Además llegaban poetas de amorfinos y galleros.

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